“Y al revés”

A todos mis pasos ebrios
que me han llevado a ninguna parte,
a todos los vasos perdidos,
que no han hecho más que embriagarme.

“Y al revés”

A todos los vasos ebrios,
que me han llevado a ninguna parte,
y a todos los pasos perdidos,
que no han hecho más que embriagarme.thumbnail_3cf69f282daefee45aa5e3262b0ee502

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“Cicatrices y flores”

 

Aniquilas todo rastro de cordura cuando descubro a tus dos ojos paseando descalzos
entre las líneas de mi piel,
invitas premeditadamente
a las curvas y las rectas de mi
descontrol a apagar su sed
bebiéndonos a tragos cortos.

Localizas mis debilidades
con tus manos,
y las pones a tus pies
susurrando a quemarropa
contra el filo de mi oreja
– me encanta tu cuerpo-
Noto el disparo,
justo en el centro de todas
mis inseguridades,
que se desploman entre flores.

Noto mis cicatrices,
todavía malcuradas
que podrían ser cantadas
en una canción de Sabina.

Tú,
las besas con cuidado,
les dibujas sonrisas
y las dejas respirar.

Noto el miedo, escondido
detrás de mis obligados escudos,
le tiemblan las dudas bañadas
de esperanza,
ya nunca amanece como antes,
ya la escarcha de un te tengo
y no quiero ha dejado de latir,
ya te tengo y quiero tenerte
me empaña las noches y los días.

Ya el espacio ha dejado de ser infinito con tus noches en mi almohada,
ya no puedo imaginarte
entre unas letras que no sean las mías,
Ya mis letras no quieren escribir
Amor
para otros ojos.

“Buscando culpables”

Te y os culpo:
a ti, dueño de mis acentuadas líneas de expresión en los últimos retales del calendario.

A ti,  dulce culpable del dolor de mis mejillas propiciadas por el eco de mis carcajadas.
A tus manos, responsables de unir con calma todas y cada unas de las coordenadas que habitan en mi piel.

A tu cuerpo y a su miel, detonante de mi sexo,
a mi boca esclava  sabedora del sabor de tus centímetros hechos piel.
A tu voz, asesina en serie de mis razones,
canto de sirenas en las trincheras de nuestra saliva armada y  firme aliada  de tus ideas.

A tu arrogancia, señal de tus defectos y virtudes, carta a todas tus catàstrofes
sin navajas de remite.
A tus sueños, irresponsables
responsables de los míos,
alas a ras de suelo,
invitación osada al precipicio del
que arriesga y gana.

A tu espalda, tablero de mis movimientos
más sólidos,
autopista hacia el pecado más carnal.

A tus dientes, fuego que aviva toda mi sed.
A ti.

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“Sumando despedidas”

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Aún no te has ido,
ni si quiera ha sonado la maldita alarma que nos esclaviza a la realidad.
Hace ya horas que he abierto los ojos para afirmar que entre tu cuerpo y el mío no queda más espacio que el necesario para agarrarnos de nuevo.

Me acerco a tu cuello,
te huelo y me invitas a soñar desde allí el poco tiempo que nos quede antes de que la distancia vuelva a clavarnos a cada uno en su ciudad.
Cierro los ojos con fuerza,
desearía que se parase el tiempo
y la vida aquí y ahora,
rozando la muerte en tu boca,
acercándome al infierno entre tus piernas,
lanzándome de cabeza en el universo de tus ojos infinitos que desembocan en el mar de tu sonrisa,
esa que me anestesia de cualquier dolor y realidad.
Trazo una vez más con mis manos
y a ciegas el mapa de tu cuerpo,
para que no me olvides y para no olvidarte,
para que esta despedida que sumamos,
no sea más que una puerta abierta a nuestras ganas de volver a tenernos una vez más.

“Miradas de ocasión”

He estado pensando en esa noche,
en la ausencia de ilusiones que arrastraba en el rojo de mi pintalabios,
en lo que me pesaba el rímel en las pestañas alejando miradas de ocasión .

He pensado en que no te buscaba cuando pedí la última cerveza,
pero sin embargo sí te buscaba en cada polvo vacío que anteriormente había empañado mi cuarto
y coronado de remordimiento
hasta el más nimio detalle
de mi ropa interior.

Es paradójico hallar lo infinito en los límites, y esa noche los finales encabezaban todos y cada uno de mis principios.

Aseguran que una mirada
dice más que mil palabras,
la mía colisionando
casualmente con la tuya,
con tus malditos y excelsos dientes
como teloneros,
fue el perfecto preludio
a las dos mil que vinieron después.

Nos bebimos las horas de un trago,
nos tragamos con palabras y con ojos,
nos quedamos con sed de nuestras bocas,el sol nos señaló allí sentados arañando minutos a los grados de alcohol todavía presentes, tú te jugaste mis besos a todo o nada sin ganar ni perder, yo me jugué la soledad en un abrazo, y rocé lo que más tarde desencadenó mi perdición.

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” Y otras formas de morir”

Acostumbrase es echarle un pulso a tus entrañas y deseos,
es el beso de los suicidas cuando la única esperanza es asomarse a la azotea de lo imposible.
Es firmar una sentencia con la tinta derramada en el juicio de tus días.

Acostumbrarse a echar de menos cuando solo quieres más,
instalarse en la deriva,
sujetando el ojalá.

Avezarse a tus trincheras,
negociando todo baile,
abrazando el firmamento
de tu pecho en el desastre.

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“A destiempo”

No hubiera dudado en grabarme las seis letras que componen tu nombre en mi piel a cambio de que tú hicieses lo mismo con el mío.
No hubiera dudado en imaginar mis pasos al lado de los tuyos en cualquier ciudad a cambio de que fuésemos ambos en la misma dirección y con el mismo tempo.
Me hubiera gustado que no estuvieses hecho para nadie más que para mis catástrofes, que fueses mi chaleco salvavidas aunque me cosieses tú mismo a balazos.
Me hubiera gustado que fueses tú quien recogiese todos mis cristales cada vez que el miedo me rompa entre tus manos.
Me hubiera gustado arriesgarme y que saliese bien. Que jugarse todas mis cartas a tus dos ojos marrones fuese la mejor inversión que he hecho en mi vida. AirBrush_20181207173037Pero siempre corro el riesgo de que seas la persona correcta en el momento equivocado.